Tercer día en Buenos Aires. Después de 10 días sin parar, estar en mi casa haciendo nada, me deprime y me induce a la angustia oral. Paso mi tiempo mirando fotos de esos inolvidables diez días y me acuerdo de los distintos momentos. En algunos momentos siento un vacío enorme, pero al instante me acuerdo que hay miles de cosas por vivir. Es raro salir de bañarme y no tener que echar gente de la habitación para poder cambiarme en paz o estar tirada en la cama y que pase alguien para quedarse hablando. Extraño, también, la convivencia con mis amigas mas que nada. Porque mas allá de que nos traspasamos el mal humor un par de veces, fueron más las veces que nos reimos sin parar y los abrazos que nos dimos. Ya sé que con el tiempo me voy a ir acostumbrando nuevamente a la rutina y a la maldita realidad, en ciertos momentos voy a necesitar volver a Bariloche, por lo menos mentalmente. 





